Construir puentes que nos conecten al mundo

"Todavía hay que trabajar para construir los puentes que nos conecten con el mundo"

El director del Centro de Innovación y Emprendimientos de Universidad ORT (CIE) brinda su visión sobre el ecosistema emprendedor local

"Pensar afuera de la caja es lo que nos permite estar dispuestos a recorrer nuevos caminos”: esa es una de las premisas que defiende Enrique Topolansky. Estos valores permean en toda su actividad profesional, y, reconoce, son fruto de una intensa actividad deportiva desde la infancia: trabajo en equipo para alcanzar una meta, liderazgo, superación, compromiso, importancia de la preparación. Luego de culminar su formación en informática y negocios, y tras descubrir su vocación emprendedora, se volcó de lleno a la actividad docente en la Universidad ORT, institución en la que se formó y que él considera como su casa. Ese amor por la docencia y por ayudar a los estudiantes a crecer lo impulsó a crear el Centro de Innovación y Emprendimientos (CIE), también en ORT. Hasta el día de hoy coordina y potencia a este centro.

Tras haber culminado su formación universitaria, ¿qué fue lo que lo motivó a enfocarse académicamente en el área de negocios y administración?

Para contestar esta pregunta tengo que dirigirme a los recuerdos de mi época en primaria. Mi madre me había regalado un sacapuntas que tenía una brújula añadida, y a un compañero de clase le había gustado mucho. Entonces se lo vendí. Me di cuenta de que había encontrado una oportunidad. Conseguí algunos sacapuntas más y se los vendí a otros compañeros. Aquella anécdota fue el puntapié inicial para que comenzara a entender que cuando existe la chance de agregarle valor a algo, eso puede convertirse en una oportunidad de negocio.

Vengo de una familia de personas que lucharon y trabajaron mucho y que lograron movilidad social gracias a eso. Esos valores de trabajo y compromiso me fueron inculcados desde chico.

Era un niño muy tímido. Me costaba mucho hablar en público. Actividades como el Karate, fueron fundamentales en esa etapa. Me inculcaron muchos valores que hasta el día de hoy defiendo, y que trato de impartir en el aula de clase: ser correcto, puntual, tratar de superarme, respetar a los demás, trabajar en equipo y demás. Es una actividad que defiende mucho la importancia de la disciplina y de la auto-superación.

Ya en mi adolescencia, cuando llegó a mi casa el modelo de computadora “Commodore 64” fue que descubrí mi pasión por la tecnología. Ese fue otro de los hitos fundamentales. Encontré en la informática una actividad en la que me iba muy bien y las cosas me salían. Con el tiempo empecé a vincularme con gente del área (que en aquel entonces eran muy pocos) y empezaron a aparecer las primeras oportunidades de negocio reales.

Más tarde descubrí a la Universidad ORT. Cuando llegué allí fue algo perfecto para mí, porque se unían mi pasión por la informática, y las posibilidades de que mis habilidades en esa área fueran valoradas como un conocimiento nuevo e importante.

Naturalmente comencé a emprender: descubrí en mí un espíritu emprendedor. Con un compañero de clase formamos una empresa de servicios informáticos y nos iba muy bien al principio. Pero luego, mi falta de conocimientos en administración llevó a que esa empresa tuviera que cerrarse. Ahí fue cuando decidí hacer un posgrado en Negocios y Administración.


¿Cómo comenzó a vincularse con el ecosistema emprendedor uruguayo?

En aquel entonces no se le llamaba "emprendedores" a quienes iniciaban una empresa. Se les llamaba "empresarios" o con alguna otra denominación.

En ese momento yo tenía mis empresas pequeñas, y eso había despertado el espíritu emprendedor en mí. Mi vinculación con el ambiente emprendedor empezó en esa época. Cuando los de mi generación empezamos a vincularnos a ese ambiente, ya contábamos con un mercado de software que era muy pujante.

Tiempo después, a fines de los 90’s, con un grupo de colegas empezamos a pensar en lo que sería la creación de Ingenio, que fue la primera incubadora de empresas de base tecnológica. Ingenio nace en el año 2000, con el objetivo de desarrollar al ecosistema emprendedor en Uruguay en general. Pero por sobre todo, comenzamos a implementar acciones para impulsar a los potenciales emprendedores universitarios.Teníamos el objetivo de potenciar a estudiantes con actitud emprendedora. Soy un convencido de que todos podemos tenerla.


¿Qué es la “actitud emprendedora”?

Una persona con esa actitud es proactiva, capaz de entender lo que pasa a su alrededor y de convertir un problema en una oportunidad. Entiende cómo conseguir los recursos necesarios para llevar adelante sus proyectos. Pienso que para hacer crecer al emprendedurismo universitario es necesario por un lado la infraestructura, y por el otro lado, hacer foco en desarrollar las aptitudes de quienes deciden emprender. Por todo ello se trabaja en el CIE-ORT.


¿Cuándo se formó el CIE-ORT?

Con este nombre en 2004, aunque la idea se gestó antes, a la par con la creación de Ingenio y con la búsqueda de vincular a la Universidad con el mundo empresarial.

El CIE tiene tres pilares fundamentales: generar energía en los estudiantes para emprender, formar aptitudes en los mismos, y por último patrocinar, que significa ayudar a que las ideas se conviertan en una realidad.

¿De qué trata la metodología “Inside Out” que se practica en CIE?

Tiene que ver con pensar distinto. Es lo que nos permite estar dispuestos a recorrer nuevos caminos. Para pensar así es necesario estar dispuestos a cambiar y crecer. Los cuatro pasos de la metodología son: autoconocimiento, “pensar afuera de la caja”, lograr que los proyectos sean sustentables, y saber liderar el proceso de cambio. Desde adentro hacia el mercado global: eso significa “Inside Out”.

Usted viaja muy seguido. En relación al emprendedurismo, ¿qué ve usted fuera del Uruguay que pueda implementarse aquí?

Es una pregunta compleja. Viajar es fundamental para enfrentar un problema que tenemos en Uruguay. Lo llamo el problema de la "pequeña aldea". Tiene que ver con ese miedo a arriesgarse que caracteriza al uruguayo. Ser un país pequeño nos hace pensar en muy pequeña escala. Por eso siempre les recomiendo a los estudiantes que viajen para que vean cómo se piensa afuera y cómo se resuelven los problemas en otros países. Una persona que pretende ofrecer un servicio global y no viaja, reduce su punto de vista y su capacidad.

Otro problema, es que afuera las metodologías de trabajo en cuanto a emprendedurismo son distintas. Hay que tener mucho cuidado con cómo copiamos métodos. Nuestra realidad social es distinta a la de otras partes del mundo. La actitud emprendedora en Uruguay es diferente a la de un emprendedor de Silicon Valley, por ejemplo. Hay métodos que se pueden importar, pero otros que no.

Por otra parte, faltan capitales que realicen inversiones económicas grandes para permitirle a los emprendimientos uruguayos escalar y desarrollarse. Hace falta también crear redes para que cualquier emprendimiento uruguayo se posicione a nivel mundial.

Nos falta conectividad con el exterior. También debe haber más profesionales que hablen inglés fluidamente.

En Uruguay existe buena mano de obra; el nivel de formación de nuestros profesionales es en general muy bueno. Pero falta mano de obra disponible; somos muy pocos. Por ejemplo, cualquier emprendimiento tecnológico de gran porte se vuelve difícil de llevar a cabo porque la mayoría de los profesionales del área tecnológica ya están contratados por diversas empresas. Esto lleva a que en varias ocasiones los proyectos uruguayos no puedan competir a nivel internacional.

Cuando uno viaja y observa, todas estas carencias se vuelven muy evidentes. En el Uruguay todavía hay mucho por hacer por el ecosistema emprendedor; hay que trabajar para construir los puentes que nos conecten con el mundo.


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